El mejor consejo que me dieron en la vida

Si leyeron mi primer artículo del blog, sabrán que entre mis 22 y mis 24 años pasé por un periodo difícil de depresión, debido a un accidente que no me permitió caminar bien por 1 año. Mi sueño siempre había sido ser actriz. Mientras estaba en la universidad contaba los días en el que la terminara para poder dedicarme a algo que amaba. Sin embargo, justo 3 meses antes de acabar la universidad ocurrió este accidente. Ya se pueden imaginar la frustración y la impotencia que sentía en ese momento. Traté de ser paciente y positiva por todos los medios, pero después de haber visitado a 10 médicos diferentes en Perú, Argentina y Estados Unidos y haber probado decenas de tratamientos, les confieso que ya no tenía muchas esperanzas. Me volví amargada, impulsiva y me sumergí en una depresión terrible, llenando mi alma y mente de pensamientos negativos que solo me hundían más y más.

En ese momento estaba trabajando en IBM, pero estaba en una etapa en la que odiaba tanto mi vida que había perdido toda motivación par. Si no iba a cumplir mi sueño de actuar y viajar/explorar el mundo, prefería no hacer nada de mi vida.

Finalmente, decidí hacer un último tratamiento y una última oportunidad. Un día el médico que me trataba escuchó una conversación con mi mamá en la que le decía que iba a dejar mi trabajo, que ya no quería hacer nada. 

Y él con mucho respeto se acercó y me dijo: 

  • ¿Te puedo dar un consejo? No dejes de trabajar.
  • ¿Por qué? – Le pregunté
  • Porque lo peor que puedes hacer cuando tienes un problema y te sientes en un “hoyo negro” es decidir quedarte en él. Si enfocas tu mente en otra cosa, como en el trabajo por ejemplo, al menos podrás ver un poco de luz.

Quizás este médico no tenga ni idea de lo que generó esta pequeña frase en mí… Pero les puedo asegurar que a mí me cambió la vida. Yo ya no sé si fue el tratamiento o el cambio de mis pensamientos que me llevó a mejorar mi movilidad en la pierna, pero lo que sucedió fue que al poco tiempo de esta última conversación mi pierna comenzó a reaccionar y a recuperar la movilidad poco a poco. 

¿Un milagro? Llámalo como quieras, pero lo que quiero compartir con ustedes hoy son los 3 aprendizajes que me llevé de este gran consejo y experiencia de vida:

 

1. Lo más grave de tu problema es tu atención: 

 

La principal razón por la que aún sigues es sin resolver tu problema es justamente por pensar en él. Cuando nos dejamos invadir por el miedo y nos enfocamos solo en el problema, pareciera que no existe solución o salida alguna. Todos los seres humanos tenemos una capacidad grandiosa para resolver problemas, pero cuando debilitamos nuestra mente con pensamientos negativos, es cuando nuestra vida parece no tener salida y nos ahogamos en un vaso con agua. En ese momento de mi vida yo estaba completamente sumergida en mi problema, dormía pensando en mi problema, me levantaba llorando por mi problema y me llenaba la cabeza de pensamientos sobre lo triste y desdichada que sería mi vida de ahora en adelante si seguía en esa situación. Y fue por eso mismo que me hundí en la depresión y tuve que recurrir a medicaciones para controlarla; yo sola no era capaz de ver ninguna otra solución para mi felicidad. 

 

2. Visualiza la solución: 

 

Sí… Quizás las cosas no salieron como quisiste en un inicio, y eso nos puede generar frustración, pero créanme, siempre siempre siempre hay otra solución o nueva perspectiva para tu problema. Entrena tu mente para que pase inmediatamente a buscar alternativas o distintas soluciones y visualiza esa realidad deseada. Si estás mal económicamente y tienes deudas, haz una lista de todas las posibles formas de generar dinero y visualízate como una persona abundante  con su vida financiera resuelta. Centra toda tu atención y energía ahí. Por ejemplo, en mi caso en lugar de traer a mi mente imágenes de mí en una silla de ruedas o con muletas, podía enfocarme en traer imágenes de mí con mi pierna recuperada, de mí corriendo, viajando y cumpliendo mis sueños. 

3. Controla tus emociones y pensamientos: 

Hay una frase muy conocida que dice “El dolor es inevitable; el sufrimiento es opcional”. Tu tienes la capacidad de elegir si quieres sufrir o no. No está mal sentir dolor, culpa, frustración, tristeza… Lo importante está en no dejar que eso se convierta en un estado de ánimo o en una emoción constante en tu vida. ¿Quieres cambiar un estado de ánimo que no está aportando a tu vida? Entonces empieza cambiando tus pensamientos. Las emociones que más experimentas en tu vida son producto de micro creencias y micro pensamientos que nos decimos a nosotros mismos todos los días sin nisiquiera darnos cuenta. La mente, por naturaleza de sobrevivencia, siempre se inclinará hacia el miedo para protegernos de los que nos puede hacer daño. Sin embargo, para lograr tener una vida plena, es importante que aprendas cómo trabaja tu mente y a controlar tus pensamientos. Empieza a ser consciente de todos esos pensamientos o afirmaciones que haces en tu día a día y esfuérzate por eliminarlos y por alimentar tu mente con pensamientos positivos. 

4. Enfócate en lo que sí tienes: 

Una de las emociones más poderosas que hay para sacarnos de estados emocionales sombríos es la GRATITUD. Un ejercicio que en lo personal me sirve muchísimo es todas las noches antes de irme a dormir agradecer por algo. Y no es agradecer solamente cuando hemos tenido un buen día. Es agradecer SOBRE TODO cuando hemos tenido un pésimo día. No importa todos los problemas que hayas tenido en el trabajo o en la casa, si aún estás aquí con vida, siempre habrá algo que puedas agradecer. En mi caso, a pesar de no tener una pierna funcionando bien… me di cuenta que aún tenía mi otra pierna, que aún tenía mis brazos, aún tenía mi voz, mis ojos, mi corazón, mi mente intacta, para poder seguir creando y cumpliendo sueños. No fue coincidencia que aún esté viva para contarlo (Por alguna razón fue solo mi pierna y no mi vida). Me di cuenta que a mi alrededor solo estaba rodeada de amor, de perdón y de compasión de parte de mi familia. Antes del accidente casi no paraba en mi casa, hacía lo que sea para no pasar tiempo con mi familia. Gracias a esto aprendí a agradecer y a valorar la familia hermosa y amorosa que tenía, y ahora tengo el privilegio de decir que tengo una relación maravillosa con ellos. ¿Y tú, por qué puedes agradecer hoy? Si estás pasando por un momento difícil, sea el que fuera, te invito a que hagas una lista de 10 cosas por las que puedes estar agradecido hoy y ahora. Guarda esta lista y Léela todas las noches por 21 días antes de irte a dormir. Y luego dime, ¿Cómo cambia tu vida? ¿Ves algo diferente?

5. Deja de pensar cómo ayudarte a ti y empieza a pensar cómo puedes ayudar a otros

A veces nos obsesionamos en nosotros mismos y nuestros problemas y los vemos invencibles. Salgamos de esa burbuja, y pensemos: cómo puedo yo ayudar a otros? Solo hace falta salir a la calle para ver que hay personas a las que tú, así con tus problemas y todo, les puedes cambiar el día. Y eso fue exactamente lo que hice. Aún tenía mis manos, mi voz, mi capacidad de expresión, y podía ayudar a otros con esa luz. Así que me inscribí a una organización, donde voluntariaba todos los viernes enseñando y regalando alegría a niños con cáncer. Si hiciste el ejercicio anterior de Gratitud, entonces ya tendrás una lista de 10 cosas que YA tienes y por las que puedes agradecer. Bueno, ahora piensa ¿Cómo puedes ayudar a otros con lo que YA tienes? ¿con el dinero que ya tienes? ¿con el conocimiento que ya tienes? ¿con ese talento que te caracteriza? ¿con la voz que todavía tienes? No tienen que inscribirse necesariamente a alguna organización ni hacer algo sofisticado, solo hace falta empezar a aplicar un poco de esto en tu día a día. Verás cómo esto te dará perspectiva sobre tus problemas, y notarás que pensar que son invencibles, fue solo una ilusión.

6. Nunca dejes de avanzar

Todos hemos venido a este mundo para crecer, para evolucionar, para madurar y convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. La sensación de ver que vamos mejorando con el tiempo, que vamos logrando objetivos propios, nos motiva y nos genera felicidad. Por eso, por más grande que sientas que sean tus obstáculos o tu problema, por más que te sientas perdido y no veas solución, nunca dejes de avanzar. El “no saber qué hacer” es solo una excusa de tu mente para mantenerte paralizado y no dejarte prosperar. Vence esa parálisis, y HAZ algo! Quizás no funcione, quizás sí, pero por lo menos ya estarás un paso más adelante y más cerca de la solución.

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